
El Comité Ejecutivo Federal del Partido Libertario ha aprobado el nombramiento de Miguel Tamayo como candidato a la alcaldía de Torrelodones (Madrid) en las próximas elecciones municipales en mayo de 2027.
Miguel Tamayo, de 28 años trabaja como ingeniero, y es vecino de Torrelodones desde los 5 años de edad (nació en Madrid).
Torrelodones, de unos 25.000 habitantes, es un municipio de la Comunidad de Madrid con una importante función residencial y que crece en población. Geográficamente se encuentra entre el área metropolitana (limita con la capital) y la Sierra de Guadarrama. Se trata de un municipio con un elevado porcentaje de trabajadores autónomos.
Miguel, ¿por qué te presentas a estas elecciones?
Creo que Torrelodones se merece una política más honesta con el dinero de sus vecinos. Llevamos años viendo cómo, gobierne quien gobierne, el gasto en sueldos y asesores crece más rápido que los servicios que realmente necesita el pueblo. Me presento para que haya una voz en el ayuntamiento que defienda que cada euro público se gasta con criterio, se explica con claridad y se puede fiscalizar sin trabas.
¿Qué crees que puede aportar el partido libertario a tu municipio?
Sentido común y control. En 2023 el gasto en cargos de confianza se disparó, con siete asesores nuevos donde antes no había ninguno. Eso es dinero que sale del bolsillo de los vecinos y que no se traduce en mejores calles, ni mejores colegios, ni mejores servicios. Lo que aportamos es justo lo contrario a esa dinámica: menos estructura política, más transparencia y la predisposición a decir “no” cuando una decisión se tome sin explicaciones claras, algo que hoy no hace ningún partido con representación en el pleno.
¿Cómo te gustaría ver a Torrelodones en un futuro próximo?
Me gustaría un Torrelodones donde bajar impuestos no sea un titular de campaña sino una consecuencia lógica de gastar mejor. Un pueblo donde cualquier vecino pueda consultar en qué se gasta cada euro sin tener que perseguir documentos, donde las decisiones urbanísticas se tomen con reglas claras y no a puerta cerrada, y donde nunca más se repitan episodios como los de cargos públicos beneficiándose a sí mismos con ayudas municipales. Un municipio más pequeño en burocracia, pero más grande en confianza.
