Ana Botella, impotente frente a la basura

Oliver AguilarEl Partido de la Libertad Individual (P-LIB) de la Comunidad de Madrid expresa su solidaridad con los miles de madrileños de la capital que están sufriendo la salvaje huelga de limpieza. El ayuntamiento que preside Ana Botella está incumpliendo su obligación de defender los intereses de los vecinos de Madrid, escudándose en excusas como que se trata de un conflicto privado. No lo es, puesto que el servicio está monopolizado por la administración local, por más que la gestión se subcontrate a empresas privadas. Por si una ciudad inundada de basura fuera poco, los madrileños sufrimos la coerción mafiosa de los sindicatos. Unos sindicatos, que en vez de proponer soluciones, se dedican a esparcir basura por nuestras calles y a coaccionar y agredir a los trabajadores que libremente quieren trabajar. Actualmente, a los madrileños se nos obliga a pagar una tasa por la recogida de las basuras, servicio que no se cumple, y se nos impide escoger libremente quien nos prestaría ese servicio. Mención aparte merece la asociación inmoral entre determinadas empresas y las administraciones públicas que les adjudican contratos opacos en régimen de monopolio, anulando cualquier atisbo de competencia. En el caso que nos ocupa, el concurso de licitación del pasado mes de octubre quedó desierto con tan sólo una oferta que era un 34% mayor de lo presupuestado.

Oliver Aguilar, miembro de la Ejecutiva madrileña del P-LIB, ha declarado hoy que “Ana Botella no puede seguir eludiendo un problema que tiene la obligación de resolver, y resulta indignante que alardee de lavarse las manos ante el mismo”. “Los liberales —señala Aguilar— proponemos liberalizar la recogida de basuras y otros servicios municipales, para fomentar la competencia”. “Que el servicio haya sido externalizado no significa que sea libre, ya que sigue bajo gestión pública y claramente es un desastre”, ha afirmado. “Hay otras soluciones, y el mercado siempre nos da sorpresas, por ejemplo con la proliferación de los llamados basureros ilegales o los chatarreros, que prestan un servicio de recogida gratuito y son capaces de financiarse con la venta a centros de reciclaje”, ha expuesto, concluyendo que “como mínimo, si un distrito, barrio o comunidad de vecinos quiere gestionar sus propios servicios, debería poder desengancharse del servicio público monopólico que obliga a los vecinos a pagar una tasa elevada por un pésimo servicio”.

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