Una biblioteca desproporcionadamente grande y cara

Héctor Muñoz | P-LIBEl Partido Libertario (P-LIB) denuncia el despropósito que representa el proyecto de la nueva biblioteca de Leganés. Este proyecto ya ha costado más de ocho millones de euros y, por si fuera poco, está previsto que supere los doce millones. Según diversas fuentes, la biblioteca lleva cerrada y pendiente de inaugurar desde hace cuatro años, ya ha sido desvalijada en una ocasión, lo que ha supuesto daños de unos 900.000 euros, y además requiere vigilancia por parte de la Policía Local por las noches, impidiendo que los agentes sean destinados a otros servicios a la ciudadanía.

El P-LIB, como partido liberal libertario, se opone a que el gobierno se inmiscuya en cualquier actividad que pueda ser llevada a cabo por la sociedad civil de forma privada. Más aún cuando queda patente el conflicto entre las preferencias de la sociedad, que los políticos desconocen, y las de los políticos, que son la verdadera motivación de proyectos como éste. La gestión de este proyecto, por parte de los socialistas inicialmente y de los populares actualmente, es un ejemplo más de la ineficiencia de la gestión pública. Además, las características del proyecto —tamaño desproporcionado para un municipio de menos de 200.000 habitantes, plazos eternos y presupuestos casi infinitamente flexibles, entre otras— apuntan a que su realización se debe a motivaciones políticas del bipartido gobernante, financiadas con el dinero de los contribuyentes, y no a una demanda insatisfecha de la sociedad. Para el P-LIB, este proyecto no solo ha sido un despilfarro de millones de euros de los contribuyentes, sino que continua siéndolo sin aportar ningún beneficio a la sociedad, algo que nadie con un mínimo sentido común puede aceptar.

Los liberales libertarios exigimos el fin de la cultura del pelotazo de la obra pública y el fin de la intromisión de los políticos en la escena cultural. Las bibliotecas, mientras sean públicas, deben adaptarse a las necesidades de la población, a la capacidad de pago de los municipios, y planificarse de acuerdo a la población que va a hacer uso de éstas. En la medida de lo posible, las bibliotecas deberían ser de gestión privada e incluso de titularidad privada, quedando la públicas relegadas a una función subsidiaria.

En palabras de Héctor Muñoz, miembro de la Ejecutiva madrileña del P-LIB, “los liberales libertarios rechazamos el dirigismo cultural al que estamos sometidos con la excusa del bien común, y sabemos que proyectos como una nueva biblioteca no deben convertir a los ciudadanos en cuasi-súbditos del alcalde de turno, al servicio de sus objetivos políticos”  a lo que añade, para concluir, que “necesitamos unas corporaciones municipales austeras y eficientes, dirigidas en base al sentido común, y rechazar rotundamente los ayuntamientos que representan pozos sin fondo para las arcas municipales, y que son origen de proyectos faraónicos al servicio del ego del político local.”

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