Escandaloso despilfarro europeo

Francisco CacharroEl Partido de la Libertad Individual (P-LIB) se hace eco de la denuncia hecha pública en estos días por el think tank británico Open Europe sobre el mal uso de los fondos europeos dedicados a la cohesión. La información publicada por Open Europe cita hasta cincuenta proyectos de dudosa legalidad y utilidad, entre los que cabe destacar un gasto de 411.000 euros en un centro de rehabilitación canino en Hungría que nunca llegó a construirse o los 1,6 millones de euros recibidos desde 1995 por el rey de Suecia en concepto de ayudas agrarias para una granja alquilada por una cantidad testimonial en la región de Sormland. Especialmente paradigmático resulta el caso de los 7,5 millones de euros de que dispone la Comunidad Autónoma de Andalucía para publicidad –sólo publicidad– de los proyectos europeos durante el período 2007-2013. En algunos casos se trata de proyectos de escasa cuantía, pero cuyos contenidos superan con creces el límite de la irracionalidad y la extravagancia, como un proyecto realizado en Austria y dotado con más de 16.000 euros para –literalmente– “incrementar la conexión emocional de los granjeros tiroleses con los paisajes que cultivan”. En otros casos, el gasto de algunas instituciones europeas sólo puede ser calificado como escandaloso: sirva de botón de muestra que el Parlamento Europeo contrató en 2009 los servicios de una  empresa de alquiler de limusinas con chófer para los desplazamientos de los parlamentarios europeos por Estrasburgo y Bruselas. El importe del contrato fue de 5,25 millones de euros.

El Secretario General del P-LIB, Francisco Cacharro, ha declarado hoy que “esta lista de proyectos-basura pone de manifiesto la urgente necesidad de una reforma profunda de la Unión Europea”. Para el secretario general de los liberales, “la construcción europea no debe tener por objeto la creación de un hiperestado intervencionista más, dedicado a despilfarrar el dinero de los europeos y a intervenir de modo perturbador en el orden espontáneo de la sociedad, sino, por el contrario, la efectiva creación de un espacio común de libertad política y económica”. “La Unión Europea debe ser una autoridad democráticamente legitimada y limitada a las competencias estrictamente necesarias para garantizar una verdadera Europa libre, y no convertirse en un chiringuito burocrático monstruoso, generador de más ineficiencia, más despilfarro y más corrupción”, ha añadido.

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