En defensa de la prosperidad

  • La EPA del primer trimestre de 2026 es un indicador más de la larga degradación de la economía española
  • Nuestra realidad son salarios cada vez más bajos, vivienda cada vez más impagable, y un modelo de pensiones sin futuro
  • El tiempo de pedir reformas menores ha pasado, ha llegado el momento de defender con firmeza un giro de 180 grados

Imagen: Ilustración «El hundimiento del Titanic» (1912) de Willy Stöwer. Fuente: Wikipedia.

Algunos datos de la EPA…

La Encuesta de Población Activa (EPA) del primer trimestre de 2026, publicada hace unos días, muestra un aumento del desempleo en 231.500 personas y un descenso de la ocupación en 170.300 personas.

Por motivos de estacionalidad, el primer trimestre del año suele ser negativo, si bien esta cifra es la peor desde 2013, incluso a pesar de que las contrataciones de Semana Santa han caído este año en el primer trimestre. La guerra en Irán se ha producido durante este trimestre, aunque no está clara su influencia en estos datos de empleo.

Esta es la información que destaca la mayoría de los medios.

…Y otros de los que se habla menos

Sin embargo, hay datos que se mencionan menos, y que pueden ser más relevantes.

En primer lugar, hablar de datos de desempleo en valor absoluto es problemático. Los números totales se ven afectados por las variaciones de la población activa, tanto por inmigración como por la inclusión de nuevas personas en edad de trabajar. Y para ver si un dato es alto o bajo, habrá que compararlo con el total. Por eso, este tipo de datos, mejor en porcentaje.

En segundo lugar, es conveniente comparar los datos con los de los países de nuestro entorno. Un dato de paro puede ser peor o mejor de lo que parece, si está mejor o peor que en otros países.

Y, en tercer lugar, no hay que perder de vista el paro juvenil, históricamente mucho más elevado en España que el paro general.

Pues bien, el desempleo en este primer trimestre ha subido al 10,83%. El dato más elevado de la Unión Europea. Y el desempleo juvenil (menores de 25 años) a 24,54%. Sí, el más alto de la Unión Europea también.

Aunque hubiera influencia de factores internacionales, se supone que deberían haber influido a los demás países.

Esto no es una cuestión de decimales

La cuestión no es si el paro juvenil está en 24,54% o unas décimas arriba o abajo. Ni si nuestro puesto en desempleo general en la Unión Europea es el último, el penúltimo o el antepenúltimo.

La cuestión es por qué hemos normalizado estar siempre en los últimos puestos y que uno de cada cuatro jóvenes esté sin trabajar.

La cuestión es qué defectos tiene nuestro mercado laboral para que esto ocurra.

Y, sobre todo, la cuestión es qué vamos a hacer para que esto cambie de una vez, y si vamos a dejar que se hunda una generación entera antes de hacer algo.

Nuestra realidad, se diga lo que se diga desde los medios de comunicación estatales o subvencionados, son unas tasas de desempleo cada vez más altas, unos salarios cada vez más bajos, una vivienda cada vez más impagable y un modelo de pensiones sin futuro.

El tiempo de hacer reformas menores ha pasado. No podemos seguir así. Hacen falta cambios profundos. Cambios que vayan a la raíz de la cuestión.

El mercado laboral español tiene una rigidez que hace que las tasas de empleo sean anormalmente altas. Cuando en España el paro va “bien”, y nos felicitamos por ello, tenemos tasas de desempleo que en otros países serían de ciencia ficción (o más bien, de película de terror).

Es más, las características de nuestro sistema laboral dificultan especialmente la incorporación al mismo. Por eso hay tanto desempleo juvenil, porque incorporarse al mercado laboral es especialmente difícil.

Es necesario acabar con el Salario Mínimo Interprofesional obligatorio por ley, una medida proteccionista que impide que personas jóvenes sin experiencia previa, y por tanto con baja productividad, puedan incorporarse al mercado laboral (por suponer un coste mayor que el que pueden aportar) e iniciar una trayectoria laboral en la que puedan después mejorar su salario. Asimismo, dificulta que personas de mayor edad en proceso de reciclaje laboral puedan reencaminar sus carreras.

Es necesario acabar con las medidas que destruyen el autoempleo, medidas que están diseñadas para que no se pueda trabajar por cuenta propia. Como la cuota de autónomos, que establece un mínimo mensual a aportar de 200 euros aunque se pierda dinero.

Es necesario acabar con los enormes costes de contratación, incluyendo la dificultad para despedir (pues ante el riesgo de que una relación laboral no funcione, se evita contratar) y, así, flexibilizar el mercado laboral.

Las medidas intervencionistas que llevamos largos años implementando no han funcionado. Insistir en ellas o incrementarlas aún más solo puede empeorar la situación. No es necesario reinventar la rueda, lo que es necesario es aplicar las medidas que han funcionado en los países más prósperos. Las medidas que defiende el Partido Libertario.


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