- Un Estado cada vez más grande no es un benefactor, sino una herramienta de empobrecimiento
- La hiperregulación del mercado laboral aumenta el paro, y con él la precariedad laboral
- En España se legisla para disuadir a los trabajadores de que trabajen por cuenta propia

Imagen: Revuelta de Haymarket / Wikipedia
¿Qué se conmemora hoy?
Hace exactamente 140 años, el 1 de mayo de 1886, se inició en los Estados Unidos una huelga general para reclamar la prohibición de las jornadas laborales de más de 8 horas.
Durante las fuertes protestas ocurridas en los días siguientes, el 4 de mayo se produjo en Chicago la explosión de una bomba que mató a un agente de policía, e hirió a otros, lo que desencadenó por parte de la policía un tiroteo con un número indeterminado de víctimas mortales y heridos y una ola de represión bajo la declaración del estado de sitio y del toque de queda.
Los incidentes llevaron a un juicio en el que fueron condenados 8 sindicalistas, 5 de ellos a muerte. Con el tiempo quedó claro que el juicio fue una farsa, que los condenados no tenían relación con la bomba (los tres condenados a prisión fueron indultados en 1893), y que las condenas tenían más que ver con una persecución política, dada la condición de anarquistas de los acusados (concretamente, de anarcocomunistas).
Los condenados fueron conocidos como los mártires de Chicago. Y en su recuerdo se comenzó a celebrar el 1 de mayo como día reivindicativo. Aunque con el tiempo se haya hecho festivo oficial en la mayoría de países (no en Estados Unidos), y se conozca como Día del Trabajo.
Antes y ahora
El Partido Libertario no comparte las ideas anarcocomunistas de aquellos sindicalistas (aunque no nos oponemos en absoluto a que aquellas personas que lo deseen se organicen en comunas, siempre que lo hagan de forma voluntaria).
Pero es conveniente recordar, que el sistema económico que defendemos es el capitalismo de mercado libre, no el mercantilismo, también conocido como “capitalismo de amiguetes”. Este último es un sistema basado en privilegios, en el que empresas supuestamente privadas medran al calor de un Estado que les protege de tener que competir en condiciones de igualdad contra otros.
Si bien las formas iniciales de lo que se conoce como movimiento obrero, nacidas en un entorno heredero de la Revolución Industrial, tenían desde nuestro punto de vista ideas erróneas sobre la superación de la pobreza, al menos sí tenían la percepción de que el Estado tiene un papel relevante en el mantenimiento de esa pobreza, y rechazaban la concentración de poder.
La gran mayoría de la izquierda actual tiene, por el contrario, una visión del Estado como un benefactor. Ha comprado el discurso de la derecha bismarckiana del Estado providencia.
Los sindicatos mayoritarios actuales son organizaciones subvencionadas que en la práctica son más organismos del ejecutivo que asociaciones independientes de trabajadores. Algo en lo que no se diferencian de las organizaciones empresariales.
Se pide un Estado cada vez más y más grande, con cada vez mayor poder y cada vez más intervencionista. Una tendencia que está ya arruinando la prosperidad alcanzada en décadas pasadas.
La izquierda contemporánea, al igual que la derecha, no aspira a liberar a los trabajadores, reclama más bien un alcaide de la prisión que sea benévolo.
Liberar el potencial de los trabajadores
Las propuestas que defiende el Partido Libertario no son otras que las que, aplicadas aún de manera parcial, han llevado a algunos países a ser las sociedades más avanzadas de la tierra, y a sus trabajadores los más prósperos.
La hiperregulación del mercado laboral introduce barreras de entrada a los jóvenes y a las nuevas incorporaciones al trabajo, aumenta el paro, y con él la precariedad laboral.
Un elevado índice de paro hace que los trabajadores pierdan poder de negociación al acordar sus condiciones de trabajo, y se vean obligados a aceptar empleos peores.
Un bajo índice de paro hace que las empresas compitan entre sí por cada empleado, y que estos tengan alternativas y puedan descartar ofertas de empleo para elegir otras que les den mejores condiciones o que se ajusten más a sus preferencias.
Medidas legales como la dificultad para despedir o el Salario Mínimo Interprofesional, pensadas como formas de mejorar las condiciones de vida de los trabajadores, aumentan de hecho la precariedad al aumentar el paro.
El SMI evita que personas con baja productividad puedan incorporarse al mercado laboral, principalmente jóvenes. Jóvenes que podrían conseguir empleos mejor pagados en el futuro si no se les impidiera la entrada al mundo del trabajo.
Trabajar por cuenta propia es un derecho
Es prácticamente imposible ser o haber sido autónomo en España sin sacar la conclusión de que se ha legislado para disuadir a los trabajadores de que trabajen por cuenta propia.
Figuras legales como la cuota de autónomos, o las barreras burocráticas para ser autoempleado, emprender, o crear una cooperativa, forman un ecosistema laboral enemigo del autoempleo.
Trabajar por cuenta propia no es una obligación. Pero sí un derecho que no debería obstaculizarse, y que para algunas personas puede ser la mejor opción, como defendía Lysander Spooner, quien consideraba que un trabajador por cuenta ajena es un empresario con un solo cliente.
Aparte de que todo el mundo debería tener derecho a construir su vida, incluida la laboral, sin obstáculos, la dificultad para trabajar por cuenta propia es otra losa más en el aumento del paro y de la precariedad.
Porque cuanto más difícil sea autoemplearse, aquellos que están en paro o que tienen un empleo por cuenta ajena en malas condiciones, se quedarán sin la alternativa de trabajar por su cuenta.
Un Estado cada vez más grande no es un benefactor. Es una herramienta de empobrecimiento. La reducción del intervencionismo es un requisito para el aumento de la prosperidad. Esto es lo que defiende el Partido Libertario.
