Los Goya como recordatorio del problema del modelo cultural español. Y de su solución

  • La audiencia desciende mientras las subvenciones aumentan
  • Una cultura libre es una cultura independiente del poder político
  • El Partido Libertario defiende una cultura autofinanciada

Imagen: Rigoberta Bandini y Luis Tosar en la ceremonia de los Goya de 2026 | EFE

El pasado sábado 28 de febrero tuvo lugar en Barcelona una nueva edición de los Premios Goya. En concreto, la número 40.

Coincidiendo con esta edición el Instituto Juan de Mariana ha presentado un informe titulado “Más subvenciones y menos público. Cómo la intervención pública ha distorsionado el cine español”. Como su título deja explícito, en el informe se analiza el descenso de espectadores del cine español, en paralelo al incremento de subvenciones.

El informe incluye en su noveno apartado “Una propuesta para la desintervención del sector del cine”, un modelo para la eliminación gradual de las subvenciones y otras formas de intervención.

La intervención estaría mal, aunque los espectadores aumentaran

El que el aumento de las subvenciones haya coincido con un descenso de los espectadores, no es ninguna sorpresa. Las subvenciones no van a contribuir a que se construya una industria cinematográfica autosostenida, sino una dependiente. Y una cultura subsidiada es, a la larga, una cultura domesticada por el poder.

Pero no es que las subvenciones estén mal porque se concedan a proyectos minoritarios.  Si una película tuviera un éxito masivo de espectadores, subvencionarla seguiría siendo éticamente condenable.

Un ciudadano cualquiera no tiene por qué financiar algo en lo que no está interesado. Si lo está, ya lo financiará de buen grado. Es vergonzoso que incluso personas que tienen dificultades para llegar a fin de mes se vean obligadas a sufragar con la parte proporcional de sus impuestos la ceremonia de los Goya y financiar películas que no tienen interés en ver.

Por otro lado, una oferta cultural minoritaria, con pocos espectadores, tiene todo el derecho a existir, incluso aunque no sea rentable. Lo que debe, no es ser rentable, sino adquirir su financiación de forma legítima (nótese que no estamos diciendo “legal”). Es decir, de forma voluntaria.

Mucha gente cree que lo que defendemos los libertarios son las empresas rentables. No, lo que defendemos los libertarios es la libertad. Lo que incluye, por supuesto, la libertad de crear empresas rentables, pero también proyectos no lucrativos financiados mediante donaciones voluntarias a fondo perdido.

Este es el modelo que defiende el Partido Libertario, no solo para el cine, sino para toda la cultura: una cultura financiada con sus propios medios, sean estos a través de un modelo de negocio rentable, o a través de mecenazgo ciudadano.

Una cultura libre es una cultura independiente

El problema de la financiación de la cultura en España (al igual que ocurre en otros países fuertemente intervencionistas), no es solo un problema económico.

Para que una cultura sea libre debe ser necesariamente independiente del poder político de turno. Sea este el que sea.

El control de la cultura es una de las diversas formas de controlar el debate social y poner el foco en lo que se quiere poner por parte de aquellos que están al mando.

Las declaraciones que se escuchan en las galas de los Goya, sin duda tienen un sesgo político, y no es casualidad. Pero la solución no es imponer un intervencionismo de signo contrario.

La alternativa es una cultura libre, que responda a los intereses de distintas personas, en vez de una cultura centralizada en los intereses de un cliente único: el gobierno de turno.

En una cultura independiente, por supuesto, habría declaraciones de algunos artistas con un sesgo político. Y otras con sesgos completamente distintos. Y seguramente habría una mayoría de artistas sin demasiado interés en la política, puesto que sus financiadores serían una parte de la sociedad y no las administraciones del Estado: ni el Ministerio de Cultura, ni la consejería de la comunidad autónoma, ni la concejalía del ayuntamiento correspondiente.

Para que una cultura pueda desplegar todo su potencial, debe liberarse del corsé del control político. Aunque ahora mismo parezca ciencia ficción, un cine español floreciente, realmente diverso, y con amplio recorrido en España y en todo el mundo, es posible. Conseguirlo pasa por la voluntad política de acabar con el control estatal de la cultura.

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