- Orbán defiende un modelo que él mismo denomina “democracia iliberal” y que ha empobrecido a Hungría
- En España hay un partido, VOX, que apoya este modelo y está integrado en el bloque ideológico de Orbán
- El Partido Libertario de España valora positivamente el retroceso del iliberalismo e invita a los ciudadanos a apoyar el liberalismo libertario

Imagen: Santiago Abascal, líder de VOX, con Viktor Orbán el mes pasado en Budapest / VOX
El pasado domingo en Hungría, Fidesz, el partido del primer ministro Viktor Orbán perdió por primera vez en 16 años las elecciones frente a Tisza, el partido encabezado por el (hasta ahora) opositor Péter Magyar.
No se ha tratado de un resultado ajustado: el partido de Péter Magyar ha conseguido en el parlamento húngaro una mayoría cualificada de más de dos tercios que le permitirá realizar reformas constitucionales. El hasta ahora primer ministro Orbán reconoció en la misma noche electoral el resultado y felicitó a Magyar.
Esto no va solo de Hungría
Aunque Hungría es un país de tamaño mediano por población y superficie, y no está entre los países más influyentes de Europa, ni desde luego del mundo, no se puede decir lo mismo del primer ministro saliente Viktor Orbán.
En tiempos relativamente recientes, se ha formado un bloque ideológico que ha recibido diferentes nombres, no siempre equivalentes, pero sí relacionados: derecha alternativa, nueva derecha, nacional-populismo o Alt Right. Si bien el término Alt Right (de Alternative Right, derecha alternativa en inglés) en sentido estricto hace referencia a un movimiento estadounidense, se aplica a veces de forma más amplia a organizaciones y dirigentes de todo el mundo.
Forman parte de este bloque ideológico figuras políticas como el presidente Donald Trump, y más destacadamente el vicepresidente J.D. Vance, y el llamado movimiento MAGA en Estados Unidos, o el expresidente Jair Bolsonaro en Brasil.
Decir que Viktor Orbán y su partido Fidesz forman parte de este bloque es quedarse corto. Orbán es, a nivel mundial, uno de los principales referentes ideológicos y patrocinadores económicos de esta nueva derecha.
Democracia iliberal
El sistema político del llamado “mundo libre” se suele denominar “democracia liberal”, en el sentido de que, al menos en teoría, se toman decisiones por mayoría a la vez que se protegen (habitualmente mediante una Constitución) los derechos individuales de decisiones mayoritarias coyunturales que los pudieran vulnerar. Es decir, se trata de una democracia con bases en el liberalismo político.
Por contra, el modelo que defiende Orbán, según la terminología empleada por él mismo, es la “democracia iliberal”. Es decir, un sistema con elecciones, pero basado en principios opuestos al liberalismo.
Bajo el liderazgo de Orbán, su partido Fidesz, que se encuadraba de forma originaria en posiciones liberales, realizó una transición ideológica que le llevó a salir de la Internacional Liberal. Lo que ha llevado a algunos a calificar a su partido y al propio Orbán de “postliberales”.
Pero el iliberalismo de Orbán no se ha limitado al plano teórico. Aunque ya fue primer ministro entre 1998 y 2002, ha sido en los 16 últimos años en que ha encabezado de forma ininterrumpida el gobierno húngaro, en los que Hungría ha ido abandonando gradualmente, especialmente en tiempos recientes, los elementos liberales de su democracia.
Bajo el liderazgo de Orbán, Hungría ha perdido gradualmente libertades civiles, separación de poderes y neutralidad institucional. Orbán ha promovido reformas de la Constitución, del sistema electoral, ha ido incrementando el control del ejecutivo sobre la Justicia, y ha ido aumentando la influencia directa de su partido Fidesz en las instituciones.
Por supuesto, como ocurre en general en los enfoques colectivistas, la economía no se ha quedado al margen. Orbán ha aplicado medidas intervencionistas, que han ido empobreciendo a Hungría y que han dado como resultado un país con indicadores económicos muy inferiores a lo habitual en la Unión Europea.
Especialmente en su último mandato este declive económico se ha acelerado acompañado de una inflación creciente, empobreciendo a una buena parte de la sociedad húngara, lo que sin duda ha sido una de las causas principales de su derrota electoral.
El escándalo
Pero lo que parece haber “colmado” el vaso de la oposición y los votantes, ha sido un escándalo sin relación directa con la economía.
En 2024, la presidenta de Hungría, Katalin Novák, del mismo partido que Orbán, tuvo que dimitir tras haber indultado al subdirector de un centro, condenado por encubrir a su jefe en un caso de abuso sexual a menores.
También tuvo que dimitir la que iba a encabezar la candidatura por Fidesz a las elecciones europeas, Judit Varga, que había dado el visto bueno al indulto cuando fue ministra de justicia.
El exmarido de Varga (se divorciaron en 2023) no es otro que Péter Magyar, que fue miembro de Fidesz (al parecer en su juventud era admirador de Orbán). En 2024 Magyar dimitió de todos sus cargos, abandonó Fidesz y se unió al partido Tisza, con el que ha ganado las elecciones de este domingo.
El futuro primer ministro
Ubicado en la derecha ideológica de la que siempre ha formado parte, Magyar ha recibido votos de derecha (mayoritaria en Hungría), izquierda y liberales, como un candidato de unidad frente al gobierno de Orbán.
Péter Magyar ha prometido luchar contra la corrupción y el enchufismo generalizados, trabajar para restablecer la separación de poderes, mejorar la situación económica (en economía se le puede calificar como un intervencionista moderado), y un mayor acercamiento al entorno de países de la Unión Europea, contrastando con la cercanía de Orbán a la Rusia de Putin.
Para revertir el legado iliberal de Orbán, Magyar tiene por delante una magna tarea, si bien es cierto que la mayoría cualificada que ha obtenido le facilitará las cosas al permitirle abordar reformas constitucionales para deshacer o modificar las realizadas por Orbán.
Pero lo más relevante de esta campaña electoral que ha atraído titulares en todo el mundo, y que ha contado con la visita del vicepresidente de Estados Unidos J. D. Vance, no es tanto la figura ni la victoria de Péter Magyar, sino la derrota de Orbán.
Sin depositar un “cheque en blanco” político al primer ministro electo (que no forma parte de nuestra familia ideológica) y del que habrá que ver los resultados concretos de su acción política, el Partido Libertario de España valora positivamente el previsible desmantelamiento del modelo iliberal que Orbán ha encabezado en Hungría y difundido en el mundo.
En clave española
No hay que olvidar que en el bloque ideológico de esta derecha alternativa mundial se encuentra un partido español, VOX. Un partido cuyo presidente, Santiago Abascal, es presidente de Patriots, la alianza europea en la que está incluido el partido de Orbán. VOX ha apoyado de forma entusiasta la candidatura de Orbán, y ha lamentado su derrota.
El partido de Abascal, con cada vez mayor protagonismo de las tesis del eurodiputado Jorge Buxadé, que algunos han calificado de neofalangismo (Buxadé ha declarado que no se arrepiente de haber sido integrante de Falange Española de las J.O.N.S en el pasado) se identifica con la figura y los planteamientos políticos del primer ministro saliente Orbán.
Cualquier votante español puede, por tanto, tener claro lo que significa votar a VOX en España. Lo mismo que votar a Orbán en Hungría: caudillismo y proteccionismo. En resumen, iliberalismo.
Quienes apuesten por todo lo contrario, por defender la desconcentración del poder, el fortalecimiento de los derechos civiles, la defensa de la libertad económica y de todas las libertades… Quienes apuesten, en resumen, por el liberalismo y el libertarismo, también tienen una opción clara. Apoyar en España el crecimiento del Partido Libertario.
