Imagen: Europa Press
- Vivimos una progresiva degradación de los servicios públicos
- El pago de las pensiones conlleva cada vez más gasto, pero solo el Partido Libertario reclama un cambio de modelo en pensiones y servicios públicos
- Es necesario que los dirigentes políticos perciban que no son inmunes al resultado de sus acciones o a la falta de ellas
Se lleva tiempo hablando de la degradación de la política española. De la interminable lista de casos de corrupción, de la cada vez peor gestión de las infraestructuras ferroviarias, y de los servicios públicos, en general.
Todas estas noticias generan, y con toda la razón, una indignación generalizada. Pero hay una crisis que no sale en las noticias, y que está en el origen de las demás.
Los servicios públicos, que es como nuestra sociedad llama a los servicios prestados por el Estado (aunque en realidad un servicio público no tendría por qué ser estatal) están en un lento, pero continuo proceso de degradación.
Aunque se diga que, por ejemplo, ha aumentado el gasto en la red ferroviaria de alta velocidad, lo cierto es que el gasto por kilómetro de red (puesto que la red ha aumentado su longitud total) compensado con la inflación, no muestra tal incremento en el gasto, al contrario. Lo mismo ocurre con otras infraestructuras, como la red eléctrica (recordemos el reciente apagón de abril), donde no se han hecho las inversiones necesarias.
Sin embargo, nunca en España el Estado ha cobrado tanto como hasta ahora. Entonces, ¿en qué se está gastando ese dinero? El destino mayoritario es el pago de las pensiones. Recordemos que las cotizaciones de los trabajadores no son suficientes para el pago de las mismas, y que las aportaciones del Tesoro superan ya el 25% del gasto total. Esta situación, que crecerá con el tiempo, demanda el inicio urgente de una transición a un sistema de capitalización individual, lo que reclamamos desde el Partido Libertario.
La corrupción, es sin duda una forma de parasitar a los contribuyentes, aunque no la única. Y, probablemente, el mayor perjuicio que ocasiona a la sociedad es el enchufismo, y la degradación en la gestión. Sin duda es necesario que este gobierno pague su responsabilidad. Pero el problema es más amplio, y no basta cambiar el PSOE por el Partido Popular. Recordemos que el PSOE llegó al poder precisamente por la corrupción del Partido Popular.
La mejor forma de luchar contra la corrupción, la ineficiencia en la gestión, y el amiguismo es que los servicios públicos dejen de ser estatales, es que decir, que empiecen a prestarse por organizaciones privadas que compitan entre sí. Y si alguna de ellas lo hacen mal, practica el enchufismo, sus dirigentes se corrompen, y el servicio que prestan se va degradando progresivamente… los ciudadanos elegirán otras opciones que funcionen mejor.
Sin embargo, ninguno de los principales partidos de España propone un cambio de modelo. Ante la situación de las pensiones, ninguno lleva en su programa una transición a un sistema de capitalización individual, como sí lo hace el Partido Libertario. Su única “solución” es aguantar otros cuatro años en las administraciones en las que gobiernan.
Ante la degradación de los servicios, su única respuesta es echar balones fuera si están en el gobierno, o afirmar que la solución es ponerse ellos (sin explicar cómo) si están en la oposición.
Proponer un cambio ordenado de modelo no es radical ni excesivo, es lo que demanda el sentido común cuando el modelo actual no funciona. Y afirmar que no funciona, que las cosas van a peor, es simplemente negarse a mirar para otro lado, no querer negar la realidad, y aspirar a un futuro mejor para nuestra sociedad.
Para que realmente cambien las cosas el día de mañana, es necesario apoyar el crecimiento del Partido Libertario hoy. Porque nosotros sí llevamos en nuestro programa una alternativa al modelo actual.
Mientras eso se hace una realidad, será necesario hacer, de una forma o de otra, que los dirigentes políticos perciban que no son inmunes al resultado de sus acciones, o de la falta de ellas, y que la sociedad está cada vez más dispuesta a pasar factura a la clase política.