La ZBE de Málaga cae, pero cuidado con lo que viene después

La anulación judicial de la Zona de Bajas Emisiones de Málaga ha provocado celebraciones entre distintos partidos políticos y los ciudadanos. El P-LIB siempre ha pedido su eliminación y por supuesto que la devolución de las multas es una buena noticia para los conductores afectados, pero conviene no confundir una victoria judicial con el final de las restricciones. La sentencia no acaba con las ZBE. De hecho, podría abrir la puerta a una regulación todavía más restrictiva. Mientras algunos celebran las migajas, en el P-LIB seguimos pidiendo la eliminación total de las sanciones por una ZBE.

El motivo de la sentencia es especialmente importante: el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía ha considerado injustificado que dos vehículos equivalentes reciban un trato diferente dependiendo de si están domiciliados en Málaga o fuera de ella. Hasta ahora, determinados vehículos de residentes podían circular por zonas de las que estaban excluidos otros coches idénticos procedentes de municipios vecinos.

Pero aquí está el peligro. Corregir esa discriminación no significa necesariamente permitir circular a todos, lo que posiblemente harán es prohibírselo a ambos. Es decir, que una sentencia celebrada como una victoria frente a las restricciones podría terminar dando paso a una ZBE que afecte a muchos más ciudadanos, incluidos los propios malagueños.

Una medida injusta y clasista

Nuestra oposición a las ZBE va mucho más allá de cómo se redacte una ordenanza o una sentencia. Restringir la circulación en función de la etiqueta ambiental del vehículo es una medida profundamente injusta y clasista por las consecuencias económicas que puede imponer a quienes menos capacidad tienen para asumirlas.

Pensemos en una familia que tiene un coche de veinte años porque funciona perfectamente y no puede permitirse comprar otro. En un trabajador que necesita su vehículo para llegar a su empleo. En una persona mayor que utiliza su automóvil para hacer la compra o acudir al médico. ¿Por qué deberían afrontar restricciones que otras personas pueden evitar simplemente comprándose un coche más moderno?

Y tampoco todo se reduce al dinero. Hay ciudadanos que podrían comprar otro vehículo, pero sencillamente no quieren hacerlo. No desean un coche eléctrico, prefieren conservar el que tienen o consideran absurdo sustituir un automóvil que todavía cumple perfectamente su función. Es una decisión personal que merece respeto.

El peligro de celebrar demasiado pronto

Por eso me sorprende la alegría con la que algunos han recibido esta sentencia. Es legítimo celebrar que se corrija una discriminación y que los afectados puedan recuperar las multas indebidamente impuestas. Pero presentar lo ocurrido como el final de la ZBE resulta, como mínimo, prematuro.

El Ayuntamiento ya ha anunciado que trabajará en una nueva regulación. Y nada garantiza que esa nueva ordenanza vaya a ser menos restrictiva.

El derecho a circular no debería depender del coche que puedes comprar

Hace dos años ya expresamos nuestra preocupación por las cámaras de control de la ZBE de Málaga. Aquellas críticas siguen vigentes. No se trataba únicamente de las multas, sino de una forma de gestionar la movilidad basada en identificar matrículas, controlar accesos y sancionar a quienes incumplan determinadas restricciones.

La libertad de circulación no es una cuestión menor en la vida cotidiana. Para muchas personas, utilizar su vehículo es la manera de conservar su autonomía, acudir al trabajo, atender a sus familiares o realizar actividades que forman parte de una vida normal.

Por eso rechazamos las ZBE como instrumento de restricción de la movilidad. No debemos acostumbrarnos a que circular por determinadas calles dependa de la antigüedad de nuestro automóvil o de nuestra capacidad para sustituirlo.

La sentencia supone un alivio para los conductores afectados y la devolución de las sanciones es una consecuencia necesaria. Pero no confundamos eso con la desaparición del problema.

La ZBE de Málaga ha caído en los tribunales. La libertad de circulación de los malagueños, sin embargo, todavía puede verse sometida a nuevas restricciones. Y eso debería preocuparnos bastante más que cualquier celebración partidista.