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- El SMI no eleva el nivel de vida, deja fuera del mercado laboral a los trabajadores con menos productividad
- Los trabajadores menos pagados ahora podrán tener en el futuro mejores salarios si se les deja adquirir experiencia
- Las barreras de entrada impiden a los jóvenes incorporarse al mercado laboral
El pasado martes el gobierno del PSOE y Sumar ha aprobado a través del Consejo de Ministros una subida del SMI (Salario Mínimo Interprofesional) de un 3,1%, a 17.094 € al año. La medida se ha aprobado mediante un Real Decreto, sin necesidad de convalidación parlamentaria, y tendrá efectos retroactivos a partir del 1 de enero, con lo que las empresas deberán pagar en próximas nóminas la subida correspondiente a enero.
Dejando de un lado la invasión por parte del ejecutivo de las competencias legislativas mediante el uso de los reales decretos, y la inseguridad que conllevan medidas que, no solo no se anuncian con cierta antelación entrando en vigor en un futuro próximo, sino que se aplican con retroactividad, aunque sea por mes y medio (si iban a aprobar esta medida, ¿no lo podían haber hecho antes?), es interesante analizar las implicaciones que conlleva el SMI en la economía de una sociedad.
El Salario Mínimo Interprofesional es la prohibición legal de que un empleador y un empleado acuerden en su contrato un salario inferior a una determinada cantidad estipulada por las leyes.
No es algo que exista en todos los países. Por ejemplo, por mencionar algún caso (no es el único) de nuestro entorno, Dinamarca no tiene SMI. En algunos casos se habla de un SMI estadístico, en el sentido de que no se observan salarios inferiores (porque ofertas de empleo inferiores quedarían vacantes por ser poco competitivas), pero en Dinamarca no está obligado por ley.
La filosofía que fundamenta el SMI, y el motivo de que muchas personas lo apoyen, es la lucha contra la pobreza: prohibir por ley que ningún trabajador pueda cobrar menos de una cierta cantidad, se ve por sus partidarios como una forma de luchar contra la pobreza por vía legislativa.
Pero esta filosofía tiene una base errónea.
Por un lado, la existencia del SMI no materializa el que todos los trabajadores tengan un empleo con un salario de, como mínimo, el SMI establecido. Lo que materializa es que aquellos trabajadores que no tengan una productividad de, como mínimo el SMI establecido tengan prohibido trabajar (al menos de forma legal).
Es decir, el SMI no crea una elevación del nivel de vida mínimo de la sociedad. Lo que crea es una línea divisoria que deja fuera del mercado laboral a una parte de esta. Aquellos que ven subido su salario hoy, podrían encontrar en un futuro próximo otro trabajo mejor remunerado (o para retenerlos su actual empresa les tendría que subir igualmente el sueldo). Pero aquellos que no sean capaces de autofinanciar su coste para la empresa (que es considerablemente mayor que el salario neto), se acabarán quedando en paro, si no hoy, en un futuro próximo, o trabajando en el mercado informal.
Por otro lado, la economía no es estática. El permitir (no prohibir) que alguien cobre hoy un salario bajo, no hace que esa persona vaya a estar cobrando el mismo sueldo bajo toda la vida.
Los sueldos más escasos son una vía de entrada al mercado laboral para personas con baja productividad. Típicamente, personas jóvenes con poca experiencia laboral. También, personas no tan jóvenes, que han tenido que cambiar de sector (frecuentemente por una crisis en el suyo) y que todavía no han adquirido la experiencia en el nuevo.
El que cobren poco ahora, no quiere decir que en el futuro sigan así. Cuando hayan adquirido experiencia, aumentarán su valor laboral. Y podrán aspirar a mejores salarios. En definitiva, lo que se lleva tiempo denominando ascensor social.
Pero si esa vía de entrada al mercado laboral se prohíbe, si ese ascensor se desmantela, estas personas podrán prosperar con mucha más dificultad.
Hace un mes decíamos que el ejecutivo, con sus nuevas intervenciones del mercado del alquiler de vivienda, lo que iba a hacer era perjudicar a los que aspiraban a entrar en dicho mercado de alquiler de vivienda. Distinta cuestión, pero el mismo resultado: dejar fuera a las nuevas incorporaciones, que principalmente son los trabajadores jóvenes. Al parecer sus votos no son importantes, mientras haya votos suficientes para los partidos que apoyan este tipo de medidas (que, no nos engañemos, se encuentran a ambos lados del llamado espectro político). Luego habrá quien se sorprenda de que un gran número de jóvenes españoles emigren a otros países en busca de una vida mejor. Es lo que ocurre cuando se les deja fuera del mercado laboral.