Mercosur: la izquierderecha, los enemigos del comercio

Imágenes: El Mundo

  • Podemos y VOX, con el apoyo moral de Díaz Ayuso, suman fuerzas contra la libertad de comercio
  • El acuerdo aplazado, a pesar de ser extremadamente proteccionista, supone un avance respecto a la situación actual
  • Liberar el potencial del trabajo, la innovación y el comercio, lleva a sociedades más prósperas

El pasado día 21 de enero, el Parlamento Europeo aprobó solicitar el dictamen del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, sobre el acuerdo comercial entre la Unión Europea y Mercosur.

La iniciativa de los grupos parlamentarios La Izquierda (que incluye a los españoles Sumar y Podemos) y Verdes/ALE, contó con el apoyo de Patriotas por Europa (que incluye al partido español VOX), y también con apoyos de partidos concretos de otros grupos.

En la práctica, esta solicitud supone un retraso en la aplicación del acuerdo que podría llegar a dos años, por lo que los partidos que han apoyado la propuesta han considerado un éxito el resultado de la votación.

Irene Montero, de Podemos, decía que “Mercosur significa reventar el campo para que ganen las grandes empresas”. Por su parte, Jorge Buxadé, de VOX, calificaba el resultado de la votación de “gran victoria para el campo”.

La que faltaba en la fiesta, la “liberal” Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, dijo en su cuenta de X: “Pedimos a la Comisión Europea que no active el acuerdo con Mercosur hasta que se garantice la protección de nuestros agricultores y ganaderos”. Esto a pesar de que su partido, el Partido Popular español, había votado en contra de la iniciativa en el parlamento europeo.

Independientemente de las declaraciones de estos dirigentes políticos, se ha escuchado y leído estos días que el problema de un acuerdo como este es que permite la competencia desleal entre unos agricultores europeos sometidos a unas regulaciones muy rigurosas, frente a otras más laxas.

En cualquier país medianamente normal, es legal todo aquello que no está prohibido. Según ese criterio, los acuerdos comerciales internacionales, tanto entre Europa y América del Sur, como cualquier otro, no deberían ser tanto nuevos textos legales, como derogación de normas que obstaculizan el comercio libre.

Exactamente todo lo contrario de lo que ocurre en la práctica.

Este acuerdo entre la Unión Europea y Mercosur lleva negociándose desde 1999, y tiene más de 4.000 páginas. ¿Alguien se puede imaginar por qué? Exacto, la cantidad de cláusulas y condiciones es inmensa.

Es muy difícil calificar un acuerdo en estas condiciones como “de libre comercio”, aunque el término se use a efectos publicitarios de cara a la galería. Sin embargo, si el Partido Libertario hubiera estado en el Parlamento Europeo, hubiera votado en contra de su paralización. ¿Por qué? Porque, aunque sea pequeño, supone un avance respecto a la situación actual. La aplicación de este acuerdo no supone un comercio realmente libre entre las dos zonas geográficas, pero sí un comercio algo más libre.

En todo caso, es absolutamente falso que el acuerdo vaya a permitir que productos de América del Sur desplacen a los productos autóctonos en el mercado europeo.

El acuerdo incluye cláusulas para anular la reducción (que no eliminación) de aranceles en caso de que se superen ciertos porcentajes de cuota de mercado de las importaciones para numerosos productos. También en caso de que baje el precio de los productos mientras sube el porcentaje de importaciones. Todo ello en aras del proteccionismo.

Por otro lado, los requisitos sanitarios para los productos de Mercosur son los mismos que para los productos europeos.  En cuanto a la hiperregulación europea en numerosas cuestiones, como barreras para crear empresas o contratar, la forma de resolverla sería eliminar, o al menos reducir, esa  hiperregulación, no obstaculizar el comercio con zonas del mundo que tienen una regulación menos hipertrofiada.

Es más que discutible que la libertad de comercio “reviente” el campo o ningún otro sector. Con un acuerdo así, los agricultores europeos tendrían más competencia en el mercado europeo, pero un acceso a otros mercados. Eso sí, aquellos agricultores que confiasen más en su capacidad emprendedora, que en la protección por parte de sus políticos.

Si debemos cerrar o dificultar la entrada al mercado europeo para protegerlo… ¿deberíamos entonces hacer lo mismo con el mercado de cada país europeo respecto de los demás? ¿Y con el mercado de cada comunidad autónoma española? ¿Y con cada comarca, o cada municipio?

Las restricciones al comercio generan pobreza. Algo que se ha observado en numerosos lugares y numerosas épocas. Y cuando hablamos de productos de alimentación, de lo que estamos hablando es de pobreza alimentaria.

Liberar el potencial del trabajo, la innovación y el comercio, lleva a sociedades más prósperas. En Europa y en cualquier lugar del mundo. Esto es lo que defiende el Partido Libertario.

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