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Propuestas P-LIB

Diferencias entre el P-LIB y los otros partidos

El Partido Libertario (P-LIB) se sabe extraordinariamente alejado de cualquiera de los partidos colectivistas: IU, PP, PSOE, los partidos nacionalistas y regionalistas o nuevos partidos como Ciudadanos o Podemos, además, por supuesto, de la extrema derecha y la extrema izquierda.

Frente a Izquierda Unida. Coincidimos con Izquierda Unida en algunas de sus posiciones más beligerantes en cuanto a los derechos y libertades de la persona, y también en la exigencia de un Estado plenamente laico y de una jefatura democrática del mismo. Pero nos separa de esa formación su visión extraordinariamente colectivista de la economía y de la sociedad, nutrida en gran parte por el pensamiento comunista, una ideología totalitaria y criminógena que rechazamos como uno de los más trágicos errores de la humanidad.

Frente al Partido Socialista Obrero Español. Coincidimos también con el Partido Socialista en algunas cuestiones de derechos y libertades, y apoyamos los logros de su acción de gobierno en esta materia. Pero nos separa de ese partido su visión intervencionista de la economía y su vocación permanente de injerirse con un paternalismo insufrible en todos los aspectos de la acción humana, tanto económica como social.

Frente al Partido Popular. Coincidimos con el Partido Popular en algunas de sus posiciones más liberales en política económica, aunque nos parece que esa formación aún tiene un larguísimo camino por recorrer para asumir realmente el liberalismo económico, y además es imposible interiorizar la visión liberal de las cosas limitándola sólo a la economía. Con todo, apoyamos su teórica defensa de una economía algo más libre. Pero nos separa de ellos su profundo nacionalismo centrípeto y su arraigado intervencionismo moral de inspiración conservadora y tradicionalista, no ajeno a la enorme y perniciosa influencia de algunos grupos de presión religiosos en ese partido.

Frente al bipartidismo del tándem PSOE-PP. Los dos grandes partidos que configuran nuestro sistema bipartidista nos parecen muy similares entre sí, prácticamente iguales. Se esfuerzan en diferenciarse estéticamente pero han llegado a defender posiciones muy similares respecto a las grandes cuestiones que ellos llaman “de Estado”. Sus opiniones son perfectamente intercambiables ante los problemas de fondo, y ambos compiten con tanto denuedo por el llamado centro político que han terminado por establecer una amplia zona de intersección en su marketing político y electoral. El Partido Libertario no compite por esa misma zona, sino que se sitúa frente a ambos, y a bastante distancia:

  • Ellos quieren apuntalar a toda costa el edificio del injustamente denominado “Estado del bienestar”. Nosotros queremos certificar su ruina y sustituirlo por un sistema en el que la sociedad civil asuma la prestación de los servicios que hoy acapara el Estado, en condiciones de universalidad y de libre elección.
  • Ellos tienen una visión paternalista de la sociedad y se esfuerzan por extender sobre los ciudadanos el manto de una intrusiva tutela estatal. Nosotros creemos en la extraordinaria capacidad del ser humano para tomar sus propias decisiones y, también, para asumir sus consecuencias.
  • Ellos promueven un considerable nacionalismo centrípeto y nosotros somos profundamente internacionalistas y entendemos obsoletos los Estados nacionales en pleno proceso de globalización no sólo económica sino relativa también a los demás aspectos de la vida social e individual.
  • Ellos se esfuerzan en imponer a la sociedad sus valores, emanados en un caso del colectivismo de izquierdas (de origen marxiano) y en el otro del colectivismo de derechas (de inspiración religiosa). Nosotros luchamos por mantener a raya cualquier forma de colectivismo y afirmar la soberanía del individuo humano.

Frente al centrismo convencional. El centrismo, representado en su día por sectores de la UCD y después por el CDS, fue útil en una etapa de transición democrática caracterizada por la gran distancia entre los principales partidos de izquierda y derecha. Hoy esos partidos se han aproximado hasta el punto de ocupar por completo, simultáneamente, el espacio electoral denominado “de centro”. Entendemos anacrónico construir hoy partidos que aspiren a situarse entre el PSOE y el PP, además de resultar política e ideológicamente estéril ya que no se aportaría a la sociedad nada nuevo sino meras posiciones intermedias, aún más vacías y continuistas que las del tándem PSOE-PP. Quienes apostamos por un liberalismo muy profundo y, por lo tanto, decidido a acometer grandes reformas del sistema, podremos conformar tal vez un “nuevo centro político” y así se nos define a veces (ya que no somos clasificables ni en la llamada “izquierda” ni en la llamada “derecha”), pero para nosotros ese espacio estará situado en un polo diametralmente opuesto al que ocupan, juntos, el PSOE y el PP. Puede ser que en esa obsoleta escala de “izquierdas” y “derechas” que aún se maneja popularmente caigamos con frecuencia en el centro, aunque otras veces se nos percibirá más cercanos a cualquiera de sus extremos. Pero la escala que nos interesa a nosotros es la de soberanía colectiva frente a soberanía personal. En el polo de la soberanía personal estamos nosotros, y estamos solos. En el de la soberanía colectiva se sitúan los partidos del tándem y, a su alrededor, los demás partidos colectivistas. Y más allá aún, la extrema izquierda y la extrema derecha, tan similares entre sí, en el fondo.

Frente a los llamados “neocon”. Los sectores conservadores en torno a los cuales se ha acuñado el término “neocon” han incorporado del liberalismo y hasta del libertarismo una parte de su visión económica, pero en cambio han extremado su visión conservadora en todo lo demás, y proponen un modelo de sociedad basado en valores nacionalistas y en planteamientos tradicionalistas, muchos de ellos de inspiración religiosa, que se sitúan en posiciones diametralmente opuestas a las nuestras. Vemos con desagrado la confusión terminológica que lleva a algunos grupos de “neocon” a denominarse (o ser denominados) “liberales” pese a proponer políticas que, fuera de lo estrictamente económico, nos retrotraen a estadios superados de la evolución de Occidente e incluso reivindican un peso mayor del hecho religioso en la definición de los valores comunes de la sociedad. Nos parece mal negocio para el ciudadano liberarle del exceso de Estado sólo para someterle al regreso de las opresivas imposiciones del marco religioso de valores, felizmente superado en las sociedades modernas. Nos parece crucial diferenciarnos de esos grupos con la mayor claridad posible, pues nada comparten con nosotros salvo por su importación de algunas de nuestras ideas en economía.

Frente a los partidos nacionalistas. En cuanto a los partidos nacionalistas democráticos, somos la única fuerza política de ámbito general que realmente les comprende porque entiende el conflicto de identidades y sentimientos nacionales arraigados de forma solapada en todo el territorio y en partes del mismo. Como realmente somos los únicos que no oponemos a su nacionalismo centrífugo otro de raíz españolista, estamos mejor capacitados que los demás partidos de ámbito estatal para trabajar en soluciones innovadoras, destinadas a superar estos contenciosos mediante un marco federal adaptable a diecinueve realidades específicas. Pero nos separa de estos partidos el colectivismo que siempre acompaña a toda forma de nacionalismo, incluso moderado. A nosotros la única autodeterminación que nos importa es la personal, y cualquier idea de patria, ya esté consolidada o en fase de escisión, ya tenga Estado propio o carezca del mismo, nos parece una noción gregaria y paternalista que socava inevitablemente la soberanía del individuo humano.

Frente a Ciudadanos. Esta nueva formación nos parece de aluvión y su definición ideológica nos resulta confusa. Coincidimos a grandes rasgos con sus posiciones renovadoras y con su voluntad de quebrar el insoportable bipartidismo y liberar el sistema electoral de sus clamorosas injusticias y arbitrariedades. Pero nos separa de ellos su pensamiento ecléctico, calculadamente indefinido y polivalente, su errática búsqueda del centro convencional y sus preocupantes dosis de nacionalismo centrípeto, apenas disimuladas por su edulcorado lenguaje regeneracionista.

En definitiva…

Todas las formaciones políticas mencionadas coinciden en unas cotas elevadas de estatalismo que nos resultan inaceptables. Disentir de ese planteamiento que les es común nos sitúa frente a todos ellos. Ellos son colectivistas y nosotros somos el único partido individualista porque creemos profundamente en el ser humano, en su capacidad y en su soberanía personal. En ese sentido, somos de alguna manera un partido antisistema, en la medida en que promovemos un cambio profundo del marco económico y político, y hasta del marco de valores éticos de nuestra sociedad, en vez de sumarnos a los consensos generalizados que perpetúan esos marcos y que en general comparten todos esos partidos. Por supuesto, planteamos esa disidencia frente al sistema desde el respeto a las demás opiniones y por medios civilizados y democráticos.

(Del preámbulo al Programa Político Marco del P-LIB)

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