Una ética de la libertad, la razón y la propiedad
El Partido de la Libertad Individual considera necesario impulsar en la sociedad una reforma ética que resitúe la libertad de la persona como el valor supremo. La libertad debe prevalecer en caso de conflicto con cualquier otro valor, por importante que éste sea. Los ciudadanos deben respetar escrupulosamente la libertad ajena y tienen el derecho inalienable de preservar celosamente la propia.
La razón es la herramienta fundamental de nuestra especie y el elemento que nos diferencia y nos confiere sentido. Nuestro partido aspira a contribuir al avance imparable del racionalismo frente a la superstición y al misticismo de cualquier tipo. Cuando la razón queda relegada, la libertad sufre invariablemente un retroceso. Los enemigos de ambas suelen coincidir.
La propiedad es el principal ámbito de ejercicio de la libertad. Confiscarla o limitarla, por nobles que sean los efectos perseguidos, siempre reduce la libertad, y no solamente la del afectado sino la de muchas otras personas. Propiedad no es única ni esencialmente el conjunto de bienes materiales y capital, sino también el propio cuerpo y la vida, el conocimiento adquirido, las propias ideas y la creatividad, el tiempo del que uno dispone y las opciones entre las que puede escoger.
Siempre que se proponga medidas que mermen la propiedad u obliguen al individuo a ceder al Estado una parte de la misma (por ejemplo, por vía fiscal) debe tenerse en cuenta que se trata de medidas extremas cuyo coste en pérdida de libertad es una consecuencia mala para todos. Esas medidas deben ser la excepción y no la regla, deben limitarse en lo posible y no pueden adoptarse con la ligereza que frecuentemente percibimos por parte de los colectivistas de cualquier signo político.
Los liberales rechazamos la pobreza y la combatimos con tanto esfuerzo como el que más porque, también como al que más, nos duele el sufrimiento ajeno. Pero nos diferenciamos de los colectivistas en la estrategia para librar ese combate. Ellos creen que se reduce la pobreza eliminando o reduciendo el factor propiedad, colectivizando capitales, bienes y servicios y retirando fiscalmente de los bolsillos de los ciudadanos grandes cantidades para luego planificar su reparto desde el Estado. A todo eso llaman “redistribución de la riqueza”. Nosotros creemos que las claves para erradicar la pobreza son crear más riqueza para que alcance al máximo de personas, y, sobre todo, extender de forma efectiva la propiedad a todos los seres humanos, y sobre todo a los más desamparados.
El Partido de la Libertad Individual se compromete a proponer, para cada problema de nuestro tiempo, soluciones que no impliquen mayor intervención del Estado, que reduzcan el opresivo colectivismo imperante, que defiendan la libertad de las personas, que se basen en la razón dejando de lado cualquier enfoque de inspiración mística, que respeten escrupulosamente la propiedad (en el sentido más amplio) de todos y especialmente de aquellos que la poseen en menor medida, y que, en definitiva, devuelvan el poder al ciudadano.
Devolver el poder al ciudadano
El ciudadano, individualmente considerado, está injustamente ausente del contrato social entre gobernantes y gobernados, en el que se basa el edificio democrático contemporáneo, ya que a éstos últimos se les considera habitualmente como un todo homogéneo. Las decisiones acordadas por esas dos partes se imponen al individuo mermando su capacidad de decidir por sí mismo. Es misión del Partido de la Libertad Individual recuperar para la persona las mayores cotas de soberanía posibles en todos los órdenes de la vida, combatiendo su invasión por el colectivo. Por democrático que sea el sistema político y por legitimados que se hallen los gobernantes, el Estado no tiene derecho a invadir el ámbito de soberanía del individuo, cuyos únicos límites han de ser los del ámbito equivalente de otras personas. Y sin embargo, esa invasión ocurre constantemente. Nosotros la consideramos ilegítima e insoportable, y nos proponemos combatirla.
Con frecuencia se pretende justificar la invasión de la soberanía personal como una necesidad para salvaguardar manidas entelequias como el “interés general” o el “bien común”. El Partido de la Libertad Individual piensa que todo recorte de la libertad de las personas, por pequeño que sea, requiere motivos muy sólidos y debe ser excepcional. Nos escandaliza la frivolidad con la que los colectivistas de todo signo disponen de la libertad del individuo, y afirmamos que no tienen derecho a hacerlo.
Nuestro partido existe fundamentalmente para devolver a las personas el poder. Ninguna decisión que pueda ser tomada de forma independiente por cada persona debe serle sustraída para su adopción colectiva. Ya hablemos de economía, de derechos y libertades, de cultura o de cualquier otra cuestión, el Partido de la Libertad Individual defenderá siempre la entrega a los ciudadanos del poder que les ha sido usurpado por los sucesivos regímenes políticos, y que ni siquiera el sistema democrático les ha devuelto suficientemente.
Ceñir la acción del Estado a los cometidos que le son propios
Para devolver el poder al ciudadano, es imprescindible que el Estado asuma su papel de árbitro y no de jugador, de juez y no de parte. El Estado tiene pocos pero importantes cometidos, que generalmente desatiende para asumir un amplio abanico de funciones que no le corresponden.
Si no se vigila y limita constantemente su expansión, el Estado incurre, por su propia naturaleza, en un crecimiento exponencial que llega a desarrollar una espiral monstruosa, ya que es enorme la presión a los políticos para que intervengan en todo tipo de cuestiones a favor de los grupos organizados que se lo exigen. Esa intervención detrae recursos del resto de los ciudadanos (la mayoría silenciosa no organizada) y hace crecer la presión fiscal (sobre todo la que pesa sobre las capas medias y bajas de la población), la deuda pública que el Estado contrae en nuestro nombre y la ingente base de empleados estatales que pagamos entre todos. Denunciamos esa permanente alianza entre los políticos y toda clase de grupos organizados, en perjuicio del individuo. El Partido de la Libertad Individual defiende un Estado mínimo, austero y limitado por normas que le impidan dar satisfacción a los grupos organizados en detrimento del ciudadano. E incluso ese Estado mínimo es, en realidad, un mal necesario para asegurar la convivencia armónica de las personas.
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