A favor de la globalización
El P-Lib, al contrario que los colectivistas de izquierda y derecha, es un entusiasta defensor del proceso de globalización económica, sociocultural y política. Estamos convencidos de que ese proceso, a muy largo plazo, contribuirá a eliminar la pobreza extrema y dotar a todos de acceso a la propiedad, generará mayor equidad, proporcionará oportunidades similares a toda la población mundial y garantizará un marco general de derechos humanos, civiles y políticos basado en la libertad, la democracia y la razón.
Denunciamos la doble moral de muchos enemigos de la globalización, que, bajo el pretexto de preservar supuestos derechos culturales y religiosos de índole colectiva, no tienen reparo en permitir la invasión del ámbito de soberanía del individuo (y particularmente de la mujer). Denunciamos también la hipocresía de muchos colectivistas de inspiración marxista o conservadora, que recelan de la globalización porque temen perder privilegios. Afirmamos que los occidentales tenemos que estar dispuestos a bajar algún peldaño de nuestra escalera si resulta necesario para incorporar al resto del mundo a los beneficios de la globalización. Ello, en definitiva, irá en interés de todos.
No creemos en el llamado choque de civilizaciones. Constatamos que el verdadero choque se da entre las élites de los países refractarios a la globalización, por un lado, y sus propios ciudadanos que buscan acceder a las libertades, el comfort, el estilo de vida y las oportunidades de Occidente, por otro. Por ello algunos de esos regímenes se ven obligados a filtrar Internet o prohibir las antenas parabólicas, mientras que a la inversa esto nunca ocurre. El sentido de las migraciones y de los exilios confirma esta tesis, ya que son millones los ciudadanos de esos países que “votan con los pies” y buscan la libertad y la prosperidad en otras tierras.
El P-Lib defiende el derecho de injerencia democrática y humanitaria para favorecer la liberación de los individuos frente a los regímenes opresores que les imponen un terrible freno a su inserción en el nuevo mundo global. Nos parece esencial contribuir a ir haciendo cada vez más permeables las bolsas de “aglobalidad” aún existentes, para brindar a las personas encerradas en ellas la opción de escoger un futuro como el que queremos para nosotros mismos.
El Partido de la Libertad Individual propone como uno de los ejes de la política exterior la contribución a acelerar el proceso globalizador y a suavizar los efectos adversos que pueda producir a corto plazo.
La defensa global de la libertad y de los Derechos Humanos
En su defensa de un proceso acelerado de globalización, el Partido de la Libertad Individual considera como una prioridad irrenunciable de nuestra política exterior la defensa universal de los mismos derechos y libertades que afirmamos para nuestros conciudadanos. Esto requiere una acción particularmente intensa en algunos campos, entre ellos los siguientes:
1. Abolición global de todo servicio armado obligatorio. El Partido de la Libertad Individual considera ilegítima toda obligación de entregar al Estado el trabajo propio, ya sea gratis o con alguna compensación económica o de otra naturaleza. El trabajo obligatorio para el Estado es, simplemente, una forma de esclavitud. En casi todos los países occidentales se ha logrado abolir toda forma de trabajo obligatorio para el Estado, y particularmente la más grave de ellas, que es el servicio militar. El Partido de la Libertad Individual piensa que el servicio militar obligatorio, además de constituir una forma de esclavitud temporal de las personas, coloca a los ciudadanos en una situación de serio riesgo físico y psicológico, y les perjudica de muchas otras maneras. La abolición universal de toda forma de trabajo obligatorio (por ejemplo el servicio social vigente en algunos países) es un objetivo del P-Lib pero, por su crueldad y dureza, consideramos particularmente importante la abolición específica del servicio militar obligatorio.
2. Abolición global de la esclavitud y del tráfico de personas. El P-Lib denuncia que la esclavitud de base racista sigue siendo práctica habitual en un puñado de países. Acabar con ella debe ser un objetivo fundamental de la política exterior. Por otra parte, deben ser combatidas con especial dureza las mafias que trafican con seres humanos, engañándoles con falsas promesas de libertad y prosperidad en otros países para luego explotarles y violar hasta sus derechos más elementales. En este sentido, la normalización jurídica de la prostitución y la legalización de la producción, venta y consumo de estupefacientes son dos vías, no sólo para liberar a las personas, sino también para desmontar el lucrativo negocio constituido actualmente en torno a su tráfico y explotación.
3. Abolición global de la brutalidad estatal y de la impunidad de los tiranos. El P-Lib considera que la voz de nuestro país en defensa de los Derechos Humanos tiene que escucharse con claridad. Debemos actuar internacionalmente para conseguir la abolición universal de la pena de muerte, la tortura, los tratos inhumanos y degradantes y cualquier otra muestra de brutalidad del Estado contra sus ciudadanos. El Partido de la Libertad Individual quiere acabar con el concepto jurídico de “inmunidad soberana” de los jefes de Estado y con otras trabas similares a la puesta a disposición judicial de los gobernantes culpables de graves delitos. Apoyamos por lo tanto la jurisdicción universal y la imprescriptibilidad ante los genocidios y la conculcación sistemática de los Derechos Humanos y civiles, con independencia del color político del régimen en cuestión.
4. Abolición global de las prácticas sociales y religiosas que someten al individuo. El Partido de la Libertad individual cree necesario establecer límites a las prácticas sociales, culturales o de tipo religioso que alienan al individuo, tuercen su voluntad e invaden su soberanía personal. Estas prácticas con frecuencia agreden de forma especial crueles a la mujer, a los menores, a las personas con discapacidad y algunos colectivos como el de gays y lesbianas. Casos particularmente execrables son los que afectan a la mujer en el mundo islámico, como la mutilación genital femenina, la imposición de ropajes como el burkha afgano, la lapidación de adúlteras y otros. Creemos necesario combatir los excesos de cualquier religión y en cualquier tipo de sociedad.
5. Abolición global del totalitarismo. Con el fin de la Guerra Fría no desapareció el totalitarismo. El Partido de la Libertad Individual denuncia la tolerancia occidental hacia regímenes totalitarios de inspiración comunista o teocrática, que en diversos lugares del mundo mantienen aún sometida a más de una quinta parte de la humanidad. Avanzar en la apertura de esos países y desmontar sus sistemas políticos ultracolectivistas y antidemocráticos para liberar a sus ciudadanos debe constituir una preocupación constante de la política internacional. Por otro lado, echamos en falta un juicio moral e intelectual generalizado que condene definitivamente el comunismo, como felizmente se hizo respecto al fascismo y al nazismo.
6. Abolición global de las barreras al comercio y los capitales. Creemos que la intensificación del comercio es el mejor método de prevenir conflictos armados, migraciones dolorosas, fugas de capital humano y otros muchos problemas. El comercio dentro o fuera del propio país es un derecho inalienable de todos los ciudadanos y de sus empresas u otras agrupaciones. Entendemos necesario ejercer una fuerte presión internacional para la paulatina desaparición de las obsoletas barreras arancelarias y de otra índole, así como unificar los criterios de propiedad industrial y combatir la piratería.
Exigimos la plena libertad de movimiento transfronterizo de las personas y de los capitales. En el caso español y europeo, consideramos necesario revisar muy al alza las cantidades que obligan a declaración fronteriza de capitales. También abogamos por la eliminación o, como mínimo, una fuerte ampliación del mínimo para los supuestos de autorización previa del Estado.
Nos parece legítima la marcha de los capitales desde aquellos entornos que les ofrecen menos seguridad y privacidad hacia otros donde no existan esos problemas. Defendemos el derecho de empresas y particulares a la integración de diferentes jurisdicciones en su planificación fiscal, al objeto de generar el beneficio principal en lugares donde la carga tributaria sea menor. Entendemos por otra parte que los centros financieros offshore, o jurisdicciones de baja imposición fiscal, cumplen una función importante en la economía mundial como válvulas de escape frente a la presión fiscal excesiva de muchas jurisdicciones onshore, y también como refugios de la privacidad financiera frente a la intromisión e indiscreción tanto de determinados Estados como del crimen organizado. Condenamos la cruzada emprendida por algunos organismos burocráticos internacionales y por los partidos colectivistas contra estas jurisdicciones, cuya soberanía fiscal defendemos. Recordamos que para los empresarios y otros ciudadanos de países en guerra, dictatoriales o dominados por las mafias, los centros financieros offshore constituyen un refugio esencial para su seguridad financiera y personal.
Al mismo tiempo, consideramos necesario separar esta cuestión del debate sobre el blanqueo de dinero procedente del narcotráfico y de otros delitos. Creemos que ese dinero se blanquea principalmente en las jurisdicciones onshore (y especialmente en sus mercados de valores e inmobiliarios), y no en las offshore. Defendemos en cualquier caso normas antiblanqueo que afecten a todas las jurisdicciones, que se ciñan a los auténticos delitos y no a las diferencias de tributación entre jurisdicciones, y que sean aplicadas de forma soberana por cada país o territorio sin que ello vaya en detrimento de la confidencialidad.
Por último, estimamos que España debe fomentar la competencia fiscal interna (entre sus comunidades autónomas) como mecanismo de reducción paulatina de la carga tributaria y de la magnitud del Estado; y debe también habilitar medidas de todo tipo (desde tipos de sociedad hasta exenciones y desde acciones al portador hasta nuevas medidas de secreto bancario) para captar una parte del ingente negocio offshore. Canarias y, especialmente, Ceuta y Melilla, son territorios especialmente adecuados para el establecimiento de centros financieros de baja tributación y de alta seguridad y confidencialidad.
Geopolítica global
El Partido de la Libertad individual defiende un multilateralismo con condiciones, que pasa por una profunda reforma del sistema de Naciones Unidas. El peso de los países en la toma de decisiones debe guardar una mayor proporcionalidad con su peso real en la política, en la demografía y en la economía internacionales. El multilateralismo no puede seguir siendo excusa para la inacción en política exterior, para justificar regímenes tiránicos ni para permitir amenazas a la libertad ni a la seguridad internacional.
Al mismo tiempo, el Consejo de Seguridad no puede seguir teniendo como únicos miembros permanentes a los países que vencieron una guerra mundial de hace ya más de seis décadas, y debe reformarse para establecer un sistema de seguridad multilateral acorde con la actual realidad geopolítica. Somos partidarios de extender a nivel global el modelo de seguridad de la OSCE, que en general ha funcionado bien en Europa, y también de incardinar la labor de la Alianza Atlántica en ese nuevo marco de seguridad global. Defendemos la continuada ampliación de esta alianza hacia el Este y su paulatina extensión hacia otras zonas del planeta, y, al contrario que otros partidos, consideramos digna de elogio la contribución de este organismo a la paz y a la seguridad de Occidente durante décadas.
El Partido de la Libertad Individual cree que el periodo iniciado con el fin de la bipolaridad, a partir de 1989, ha traído al mundo unas cotas de progreso y seguridad que no habríamos soñado unos años antes. No nos resignamos a contemplar este estado de cosas como un mero periodo de transición previo a la configuración de una nueva bipolaridad asimétrica, en la que los diversos enemigos de Occidente se alíen eficazmente para plantarle cara y arruinar el orden alcanzado. La civilización de la libertad individual inició resueltamente hace veinte años su proceso de globalización, y es sólo cuestión de tiempo que alcance hasta al último rincón del planeta y libere hasta al último de los seres humanos que lo habitan. Es fundamental desarrollar una política internacional que contribuya a ese fin último.
Para ello, Estados Unidos debe abrirse más a la cooperación con sus aliados europeos en la definición conjunta de la política internacional, y éstos deben renunciar definitivamente a los recelos que tradicionalmente presiden su relación con Washington. A ambos lados del Atlántico septentrional, nos va en ello la consecución de nuestros objetivos universales de paz y libertad.
Nos preocupan los signos cada vez más claros y alarmantes de coordinación entre potencias medias y otros países abiertamente enfrentados a Occidente. Denunciamos que esos países son invariablemente dictaduras ferozmente represoras de la individualidad y de los derechos y libertades elementales.
Condenamos el papel ambiguo, cuando no abiertamente antioccidental, de Moscú y de sus aliados europeos, y nos parece de crucial importancia estratégica caminar hacia la definitiva democratización de Rusia y hacia su plena integración en Occidente. Rusia es un país europeo cuyas raíces culturales coinciden con las europeas y norteamericanas, y sólo sus veleidades de gran potencia, ancladas en un marco ideológico ya superado, explican la persistencia de su hostilidad hacia Occidente. Al mismo tiempo, denunciamos cómo muchos de los satélites actuales de Moscú son países (como Moldavia, Bielorrusia, Serbia y las repúblicas autoproclamadas de Transdnistria, Abjacia y Osetia del Norte) que pese a su contexto europeo presentan regímenes antidemocráticos y lesivos de los Derechos Humanos y civiles de sus ciudadanos. Y en la propia Rusia, nos preocupa el panorama político de minimización, mediante métodos indignos, de las fuerzas políticas favorables a Occidente o, simplemente, contrarias al establishment diseñado desde el Kremlin.
Por otro lado, Occidente debe redoblar sus esfuerzos por forzar una apertura real en China que induzca un cambio de régimen político y no sólo de sistema económico. Nos parece intolerable la persistencia de la tiranía comunista en el país más poblado del mundo.
El Partido de la Libertad Individual reclama políticas que aseguren la plena independencia energética de Occidente frente a los regímenes hostiles que controlan gran parte de los recursos petrolíferos y gasísticos. Esto guarda además una estrecha relación con la política de apoyo a las energías renovables.
La construcción europea
El Partido de la Libertad Individual es europeísta en la medida en que considera la construcción europea como un primer paso hacia la construcción de un marco global de libertad para el conjunto de la especie humana. Se trata por lo tanto de un europeísmo no excluyente de otras culturas y realidades. Constatamos, al mismo tiempo, que la exasperante lentitud de la construcción europea y la rápida evolución del proceso de globalización pueden hacer que la primera se vea superada por la realidad y se torne obsoleta antes incluso de haberse alcanzado plenamente.
Culpamos a los Estados nacionales de la extrema parsimonia con la que se avanza en el camino hacia un marco político europeo plenamente operativo. Esa lentitud está dando al traste con el proyecto original. Exigimos un proceso mucho más rápido y efectivo de cesión de la soberanía de los Estados nacionales, tanto hacia sus regiones (y particularmente hacia aquellas con una personalidad cultural más acusada) como hacia las estructuras comunes de Europa. Deseamos conformar unos Estados Unidos de Europa que sustituyan realmente el marco actual de Estados nacionales, heredado del nacionalismo decimonónico y plenamente superado por la realidad social de nuestro continente. Ello debe traducirse especialmente en una política exterior común que sustituya realmente las de los Estados miembros.
Al mismo tiempo, reivindicamos una plena democratización de las nuevas estructuras políticas, y denunciamos el intolerable déficit democrático de la Unión Europea. El Parlamento actual es una gran farsa y debe asumir las competencias reales de una auténtica cámara legislativa, así como su función de control, selección y sustitución de las personas que integren la Comisión. Los ciudadanos tienen derecho a que su voto a este órgano defina realmente la política continental. Los comisarios no deben ser nombrados por sus gobiernos nacionales, ni creemos que tenga sentido reservar en ese órgano plazas por países.
Denunciamos la extrema burocratización de las estructuras comunitarias e, igual que a nivel estatal, autonómico y municipal, deseamos que la administración europea se limite a las pocas cuestiones que competen de forma natural al Estado, y no intervenga más que como garante de los derechos y libertades de todos. El intervencionismo de las macroestructuras de Bruselas es grave en muchos aspectos y suele servir como excusa para imposiciones de los gobiernos nacionales, pero en ningún tema es tan desproporcionado como en lo relativo a la Política Agraria Común, cuya simple abolición reclamamos. Deseamos conformar a nivel continental un orden espontáneo de la actividad económica, social y cultural basado en la acción humana de millones de europeos.
Cuestiones concretas de política exterior
El Partido de la Libertad Individual tiene una sensibilidad especial ante algunas cuestiones concretas de la política exterior española y europea:
1. América Latina y Cuba. Vemos con gran preocupación cómo se está conformando una alianza geopolítica regional basada en un rebrote del colectivismo extremo de raíz marxista, y cercana a la posición de potencias medias que, en otras regiones del mundo, presentan similar hostilidad a Occidente. Entendemos que la política española y europea hacia América Latina debe dirigir sus esfuerzos a desarticular esa amenaza, que además se basa en una profunda erosión de la democracia interna y los Derechos Humanos y civiles en los países afectados. Defendemos la plena extensión del ALCA u otra fórmula de mercado común regional abierto al mundo.
Consideramos que las monedas nacionales latinoamericanas generalmente empobrecen a sus ciudadanos y deben ser sustituidas por el dólar, el euro o cualquier otra moneda exterior estable, ajena a los frecuentes y bruscos cambios de valor decididos por los políticos locales.
Por otro lado, condenamos la tradicional política de paños calientes con la dictadura cubana, que Madrid viene sosteniendo desde hace décadas sin el menor resultado en cuanto a la mejora de los Derechos Humanos y civiles o la apertura del régimen comunista. Exigimos una política española y europea orientada a forzar un cambio de sistema político en Cuba, junto a la liberación de los presos políticos y el libre retorno de los exiliados. Las personas expropiadas por el régimen deben recuperar sus propiedades, siendo para ello aplicables procedimientos similares a los que se ha llevado a cabo en Europa del Este.
En general, percibimos en la política española hacia América Latina un anticuado paternalismo y una escasa voluntad de abrir realmente nuestros mercados a los países latinoamericanos.
2. Guinea Ecuatorial. Por la especial relación de Guinea Ecuatorial con España, pensamos que nuestra política exterior podría jugar un papel positivo de cara a la democratización y al respeto de los Derechos Humanos y civiles en ese país. Consideramos que el régimen de Teodoro Obiang es uno de los más sanguinarios y corruptos del mundo y promovemos un cerco político y económico que fuerce un cambio real en Malabo.
3. Ceuta, Melilla y Gibraltar. Ante la voluntad anexionista de Rabat, la seguridad y los derechos de ceutíes y melillenses deben tener una expresión contundente en la política exterior, que disipe cualquier duda respecto a futuros horizontes de modificación de la determinación española en la defensa de esas dos poblaciones. Consideramos que ambas ciudades deben tener la plena consideración de comunidades autónomas, y entendemos que por sus peculiares características podría establecerse en ellas centros financieros offshore. El Partido de la Libertad Individual considera que el status político de ambas ciudades debe depender exclusivamente de la voluntad de sus ciudadanos, libre y democráticamente expresada en las urnas. Planteamos la eventual cesión de los islotes y peñones deshabitados a cambio de una clara y definitiva aceptación marroquí de la realidad de Ceuta y Melilla, que debe implicar el levantamiento expreso e irreversible de su reivindicación territorial.
Consecuente con lo anterior es nuestra política sobre Gibraltar, opuesta a la que tradicionalmente han defendido los partidos colectivistas españoles. Reconocemos la especificidad cultural de los ciudadanos de Gibraltar, producto de una compleja historia de más de trescientos años. Lejos de reivindicar la anexión del territorio contra la expresa voluntad de su población, deseamos un proceso de descolonización democrática que se base en los derechos y la voluntad del pueblo gibraltareño. El Partido de la Libertad Individual se suma por ello a la Declaración de Casemates de 1993.
4. El Sáhara Occidental. El Partido de la Libertad Individual señala la responsabilidad jurídica e histórica de España en la invasión marroquí del Sáhara Occidental. Exigimos por ello una profunda implicación de Madrid en una solución definitiva del conflicto que satisfaga a la población saharaui. Defendemos un referéndum basado en los censos españoles y ejecutado en condiciones de libertad y seguridad jurídica bajo supervisión internacional.
Consideramos que los ciudadanos saharauis que puedan demostrar serlo tienen derecho a obtener la nacionalidad española si quieren solicitarla, ya que eran ciudadanos de un territorio considerado por España como provincia en el momento de la entrega a Marruecos, y de hecho algunos de ellos portaban ya documentación española ordinaria.
Exigimos de Rabat el máximo respeto a los Derechos Humanos, civiles y políticos de los saharauis en la zona ocupada. Creemos que también el Frente Polisario debe democratizar la gestión del poder político en las zonas del territorio saharaui que controla y en los campamentos de refugiados. Pese a apoyar la justicia de su causa y de sus reivindicaciones, recelamos de su extremo colectivismo de inspiración marxista y de sus conexiones con regímenes como el cubano y otros de similares características.
5. Oriente Medio. El Partido de la Libertad Individual defiende el derecho del Estado de Israel a la existencia y a la seguridad. Apoyamos un Estado palestino en Gaza y Cisjordania pero exigimos como condición para el mismo la renuncia definitiva a la acción armada por parte de quienes ostenten el poder de hecho y de derecho en la comunidad palestina. Condenamos la intrusión constante de los regímenes sirio e iraní en la cuestión palentina y también en Líbano. Estamos convencidos de que el fomento de la libre actividad económica en la zona es una de las formas más eficaces de restar tensión, crear lazos entre las partes y alejar la tragedia de la violencia política. Denunciamos el uso populista y demagógico del conflicto israelo-palestino por parte de algunos partidos españoles, que ha llevado a la sociedad española a tomar partido por el bando palestino de forma acrítica. Percibimos en nuestro país cotas inaceptables de antisemitismo que no se dan en el resto del continente.
6. Kosova. El P-Lib rechaza la posición oficial española de no reconocer la independencia de Kosova. España se ha aislado en esta cuestión de todos sus aliados principales y se ha sumado a la posición de países como Rusia. Lo ha hecho por motivos completamente ajenos a la política exterior, como el temor a sentar precedentes internacionales que pudieran dar pie a determinadas lecturas de los nacionalistas periféricos. Para ello, ha adoptado en este asunto una posición radicalmente alineada con las tesis del peor y más feroz nacionalismo de Estado, encarnado por Serbia. El P-Lib considera que fue acertada y justa la política de los Estados Unidos, que hace una década tuvo que actuar sobre Kosova casi en solitario, mientras sus aliados europeos reproducían frente a Milosevic los mismos errores de Chamberlain frente a Hitler. La consecuencia natural de esa política de liberación de Kosova ha sido la emancipación política unilateral de ese país y su incorporación a la comunidad internacional. Ese proceso debe culminar con el reconocimiento universal del nuevo Estado. El Partido de la Libertad Individual considera que las fronteras y la integridad de los Estados nacionales no pueden considerarse dogmas absolutos.
7. Los Estados Unidos de América. El Partido de la Libertad Individual rechaza el antiamericanismo asentado en la sociedad española y considera esencial la contribución de los Estados Unidos a la causa de la libertad en todo el mundo, tanto históricamente como en la actualidad. Creemos necesario el fortalecimiento de los vínculos entre Norteamérica y Europa, ya que juntos constituimos el pilar fundamental de la civilización occidental, la más exitosa de toda la Historia de la humanidad por su capacidad de brindar al individuo libertad y oportunidades de progreso.
8. El Estado de la Ciudad del Vaticano. El P-Lib considera que las organizaciones religiosas no deberían tener a su disposición Estados soberanos, y considera que el Estado de la Ciudad del Vaticano es un Estado artificial porque no responde a la existencia de una comunidad autóctona en un territorio definido. Pensamos que las relaciones con este Estado deben constituir una prioridad secundaria en nuestra política exterior. Por otra parte, el P-Lib considera que los tratados entre España y el Estado mencionado, que pretenden condicionar aspectos el marco de convivencia social y de la política interior española, deben ser derogados por no acomodarse a un Estado laico como debe ser el nuestro. La persistencia de estos tratados crea dudas sobre la neutralidad religiosa del Estado.
Reformar el servicio diplomático
El P-Lib considera excesiva y costosísima la representación exterior del Estado, y propone una política de severa austeridad. Nos parece que en la época actual, en plena revolución de las telecomunicaciones, las auténticas relaciones entre Estados se desarrollan de forma directa de capital a capital, sobrando casi todas las legaciones permanentes, excepto las principales. Los miembros del servicio exterior son funcionarios como cualquier otro, pagados por el ciudadano común, y consideramos que debe eliminarse el boato con el que se adorna la función de los embajadores y otros diplomáticos (una reliquia obsoleta de siglos pasados), así como el despilfarro en residencias de lujo y otros excesos. Proponemos caminar hacia la unificación de los servicios diplomáticos europeos.
Servicios consulares de calidad
El Partido de la Libertad Individual considera que los ciudadanos tienen derecho a una buena asistencia consular cuando se encuentran fuera del territorio europeo. Preferimos un servicio consular europeo unificado, para reducir costes y aumentar su efectividad y su alcance. Apostamos también por la unificación de los pasaportes y demás documentos de viaje.
Cooperación al desarrollo
El Partido de la Libertad Individual desea descolonizar la solidaridad. Tal como se explica en el punto 3.8, queremos sustituir la actual pseudosolidaridad, forzada fiscalmente por el Estado y ejecutada por él a su capricho, por una acción directa de los ciudadanos. Éstos, a lo largo de cada ejercicio, dispondrán de unas cantidades equivalentes a la división del monto actual de la cooperación entre el total de contribuyentes. De forma telemática, los ciudadanos podrán asignar libremente las cantidades que quieran, hasta agotar el monto de que dispongan, a las organizaciones solidarias que deseen, sin filtro previo del Estado. Este mecanismo u otro de libre donación con desgravación plena hasta un tope prefijado, igualmente sin fitro estatal previo, es aplicable tanto a la solidaridad interior como a la exterior. No creemos que sea el Estado quien deba decidir a qué países, proyectos y organizaciones va el dinero de cada persona: ésta tiene capacidad suficiente y un derecho innegable para decidirlo por sí misma.
Apoyamos el objetivo de que los países desarrollados contribuyan al desarrollo del resto del mundo, y nos resulta insignificante la mítica cifra del 0,7 % del PIB. Preferimos, en cambio, que España y Europa opten por un pleno desarme arancelario unilateral a favor de los países a los que se desea ayudar. Creemos más en el comercio que en la encomiable acción de las organizaciones de cooperación, y no creemos en absoluto en la ayuda directa de Estado a Estado, que sólo genera corrupción y mantiene con frecuencia en el poder a dirigentes escasamente democráticos. Sólo apoyamos ese tipo de ayuda ante catástrofes humanitarias, y siempre preferiremos que la ejecución corra a cargo de organizaciones privadas.
La responsabilidad demográfica
El Partido de la Libertad Individual mira con preocupación al futuro demográfico de nuestra especie. El planeta y su biosfera tienen límites evidentes, y el crecimiento de la población ha alcanzado una progresión que, sin entrar en la espiral extrema que podíamos prever décadas atrás, sigue siendo alarmante. Por otro lado, no podemos sino condenar el inmenso despropósito que significa traer al mundo personas condenadas a una vida terrible y a una muerte rápida.
En este contexto, creemos que nuestra política exterior debe orientarse a fomentar la contención estricta de la natalidad irresponsable en muchos países donde no se han adoptado ni siquiera medidas elementales de ayuda a la planificación familiar. Mención aparte merecen los gobiernos que incluso fomentan la natalidad pese a ofrecer unas condiciones de vida deplorables. Esa política debe motivar una oposición contundente y eficaz de la comunidad internacional. No apoyamos medidas coercitivas que impidan a las personas ejercer su derecho a la paternidad o maternidad, pero la renuncia a ese derecho (mediante esterilización voluntaria) por parte de quienes, en realidad, no quieren o no pueden hacerse cargo de los niños que traerían al mundo, puede verse incentivada económicamente. Experiencias así han funcionado bien en algunos países no desarrollados y pueden extenderse al resto.
Y en el mundo desarrollado, condenamos las propuestas ultranacionalistas y xenófobas que promueven la natalidad por temor al mestizaje, a la situación de minoría racial y a otros deplorables mitos colectivistas. Nos parece encomiable la adopción de menores de países pobres por parte de quienes no pueden tener hijos propios o, teniéndolos ya, quieren rescatar también a uno de esos niños e incorporarlo a su familia.
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