El Partido de la Libertad Individual (P-LIB) manifiesta su indignación ante el apoyo del presidente del gobierno, Mariano Rajoy, a la imposición de la llamada “tasa Tobin” que gravará las transacciones financieras. Con este anuncio, además de alinearse con el intervencionismo económico francés, Rajoy da una nueva vuelta de tuerca a la voraz presión recaudatoria del Estado. El Secretario de Política Económica del P-LIB, Leonardo Ravier, ha declarado que “la tasa Tobin es una vieja exigencia de la izquierda más extrema y poco a poco ha ido conquistando también la voluntad de algunos líderes socialistas y conservadores. Es una desgracia que el nuevo gobierno español incurra en este enorme error que sin duda perjudicará notablemente a la actividad económica”, para concluir que “con la intolerable adopción de la tasa Tobin, el gobierno del PP consolida su pase por la izquierda a la política económica del PSOE, lo que debería motivar la reflexión de aquellos liberales que el pasado 20-N apostaron por el supuesto voto útil a los conservadores”.
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La tasa Tobin es intolerable
Rebaja de calificación y medidas del gobierno
Ante la significativa rebaja de la calificación de Standard & Poor’s a la deuda soberana de varios países de la Eurozona, incluido el nuestro, el Partido de la Libertad Individual (P-LIB) señala como causa la incapacidad europea y española de afrontar el verdadero problema de fondo: el gigantismo del Estado y la necesidad imperiosa de reducirlo de manera drástica. Sólo así podrán reducirse considerablemente sus necesidades crediticias y se podrá comenzar a reducir deuda en lugar de incrementarla. El P-LIB discrepa profundamente de las declaraciones efectuadas ayer por el ministro Montoro sobre esta rebaja de calificación, ya que por un lado afirma la necesidad de “reaccionar” pero, por otro, el gobierno español sigue instalado en la parálisis y sus principales medidas son de incremento de sus ingresos a costa del ciudadano, que de media tendrá que pagar casi setencientos euros más a Hacienda este año, según denuncia un reciente informe.
Igualmente desafortunada es la pretensión del ejecutivo conservador de mantener prácticamente intacta la actual inflexibilidad del mercado de trabajo –tal como hoy declara Montoro al ABC–, cuando la rigidez de ese mercado es una de las causas principales de que nuestra situación sea particularmente grave.
En general, la política económica de estas primeras semanas de gobierno conservador no sólo no se diferencia apenas de la que aplicó el PSOE, sino que incluso incurre con mayor determinación en los mismos errores: impuestos aún más elevados, rigidez laboral, seguidismo de las malas políticas económicas de la UE, incremento temerario del endeudamiento (celebrando cada “colocación de deuda” como si fuera un triunfo), mantenimiento de televisiones públicas, mínimos recortes del gasto estatal y de la desmedida plantilla de empleados públicos, obsesión por el ingreso y caza de brujas a los contribuyentes, intento de hinchar una nueva burbuja inmobiliaria y un largo etcétera. En definitiva, una estrategia económica propia de un gobierno socialdemócrata.
El P-LIB invita a la reflexión a quienes se consideran liberales pero el pasado 20 de noviembre votaron al PP.
Nuevo atropello del gobierno a la libertad económica
El Partido de la Libertad Individual (P-LIB) deplora las nuevas medidas económicas represivas que ha anunciado hoy Soraya Sáenz de Santamaría. Estamos convencidos de que las medidas contra el llamado “fraude fiscal” sólo servirán para desincentivar la actividad empresarial, al desatar una caza de brujas contra los pequeños y medianos empresarios. Esto es una gran torpeza en medio de una crisis como la actual, e indica que la gran preocupación del gobierno es aumentar a toda costa los ingresos estatales para recortar lo mínimo los gastos.
La anunciada lucha contra los “paraísos fiscales” es un brindis al sol porque, obviamente, el gobierno español sólo tiene competencias en su territorio. Otra cosa es que vayan a intentar impedir las estrategias legales de taxplanning internacional. En el comercio internacional, es fundamental la libertad de planificar las operaciones de tal manera que el beneficio se produzca en aquella de las jurisdicciones intervinientes donde menor sea el coste fiscal. Introducir normas contra el legítimo taxplanning internacional sólo redundará en la evitación de nuestro territorio. Si existen “paraísos fiscales” es como respuesta a la condición de auténticos “infiernos fiscales” de los países como el nuestro, donde la libertad económica retrocede al mismo ritmo que avanza el endeudamiento y la voracidad fiscal del Estado. Los beneficios generados en España deben tributar en España, pero si la factura fiscal es demasiado alta, quienes puedan hacerlo optarán por no generarlos en España sino en otros lugares más benignos, lo que perjudicará a la economía española. Una vez más, el gobierno no tiene empacho en sacrificar la actividad económica de muchos para intentar mejorar los ingresos del Estado.
Con todo, de las medidas de hoy la que constituye un auténtico atropello es la anunciada prohibición de pagos en efectivo. El P-LIB adelantó hace exactamente un mes su temor de que España siguiera los pasos ultraintervencionistas de Italia (ver comunicado), y el tiempo nos está dando la razón. La prohibición de los pagos en efectivo es una medida calcada del plan Monti. Es una gravísima limitación del derecho inalienable que todos tenemos a la privacidad de nuestras transacciones económicas.
El P-LIB llama a los ciudadanos y a las empresas a defenderse del expolio fiscal del gobierno conservador implementando todas las estrategias a su alcance dentro de la legalidad. Reprimir la libre circulación de capitales, perseguir a los emprendedores con una lupa y someter los pagos al escrutinio del Estado es propio de regímenes autoritarios o totalitarios, generalmente inspirados por las ideas que el PP decía combatir. El P-LIB invita a la reflexión a quienes se consideran liberales pero han votado al PP.
Ante las medidas estatalistas del PP
El Partido de la Libertad Individual (P-LIB) ha recibido con estupor las medidas económicas acordadas por el último Consejo de Ministros de 2011. El gobierno que preside Mariano Rajoy parece decidido a pasar por la izquierda al anterior en economía, con unas decisiones que incumplen, no ya las promesas electorales del PP, sino incluso los anuncios efectuados en el discurso de investidura, que han resultado ser un vulgar engaño.
Recortar el gasto público en apenas nueve mil millones es una broma de mal gusto en la situación actual, y pone de manifiesto que el PP piensa hacer que sean los ciudadanos, y especialmente los de clase media, quienes paguen la crisis mediante el aumento de sus impuestos de todo tipo. Las primeras subidas decretadas ayer (y en particular la suicida penalización del ahorro) constituyen ya un abuso sin precedentes que sitúa la tributación del ciudadano medio por encima de la vigente en países como Suecia. Y esto es sólo el principio. El gobierno conservador no rebaja el IVA (cuya subida tanto criticó) y estamos convencidos de que se dispone a aumentarlo más aún porque, de lo contrario, sencillamente no le cuadrarían las cuentas para mantener casi sin cambios el Hiperestado.
Y sin embargo, lo imprescindible y urgente para salir de la crisis es precisamente reducir ese Hiperestado. España no tiene un problema grave de ingresos, sino de gasto desbocado y deuda insostenible. Hay que cerrar departamentos enteros de las más diversas administraciones, devolviendo a la sociedad civil innumerables actividades y eliminando la competencia desleal del Estado en muchos sectores; precindir paulatinamente de buena parte de la plantilla de empleados públicos que pagamos entre todos y que ya no podemos sostener; eliminar las subvenciones y bajar los impuestos directos e indirectos para reactivar el consumo y sobre todo el ahorro; pagar toda la deuda posible e incurrir en el menor nivel viable de endeudamiento nuevo.
Por otro lado, parece evidente que el PP se dispone a hinchar una nueva burbuja inmobiliaria, como ya hizo durante su etapa de gobierno anterior (y fue uno de los factores que agravaron en España la crisis internacional) para atraer el dinero de los ciudadanos hacia el sistema bancario, saturado de casas procedentes de créditos fallidos. Mención aparte merece la risible rebaja de sólo un 20 % en las subvenciones a partidos, sindicatos y patronales. Es un gesto ridículo porque se refiere únicamente a las asignaciones directas de la administración central para el funcionamiento de estas entidades, que no representa ni siquiera la mayor parte de su presupuesto ya que reciben innumerables subvenciones adicionales de las más diversas administraciones públicas, a todos los niveles territoriales y con las más peregrinas excusas. Eso además de lo que reciben sus fundaciones y otras entidades conectadas. El P-LIB reitera con orgullo su compromiso estatutario de no costarle jamás un céntimo a quienes no lo quieran financiar.
El Presidente del P-LIB, Juan Pina, ha declarado hoy que “como cualquier otro gobierno colectivista, el de Mariano Rajoy ha renunciado a trabajar por una sociedad con el mínimo Estado posible: Es un adalid del Hiperestado que denunciamos y combatimos los liberales del P-LIB, porque le ofrece posibilidades gigantescas de controlarlo todo, de colocar a los suyos y de manejar enormes presupuestos y miles de actividades que la sociedad civil gestionaría mucho mejor”. Por otro lado, Juan Pina ha considerado “ridícula” la concesión del collar de la Orden de Isabel la Católica al ex presidente José Luis Rodríguez Zapatero, y las demás condecoraciones del nuevo gobierno al anterior. “Sólo espero que estas tonterías rituales no impliquen coste alguno para los contribuyentes”, ha manifestado.
Si Rajoy quería desmostrar que en su partido y en su gobierno los liberales no pintan nada y el liberalismo sólo es una pose extravagante y minoritaria, mal vista y sin el menor futuro, lo ha conseguido. Ha nombrado un ejecutivo compuesto enteramente por intervencionistas que creen en un Estado fuerte y poderoso, con vocación de diseñar y dirigir todos los aspectos de la sociedad, desde la cultura hasta la economía. Las diferencias entre el PP y el PSOE son tan pequeñas (apenas de estilo) que justifican plenamente la expresión “PPSOE”, tan asentada ya en nuestro país para denunciar la falsa alternancia del régimen bicéfalo que nos gobierna desde 1982. El P-LIB invita a la reflexión a cuantas personas se consideran liberales pero han votado al PP.
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